La fibromialgia y el ejercicio

¿Qué es la fibromialgia?

Estudio de la fibromialgia

El término “fibromialgia” proviene de la palabra en latín con referencia al tejido fino fibroso (fibro), la griega referida al músculo (myo) y al dolor (algia), definiendo así una enfermedad que puede abrazar diferentes síntomas, siendo el dolor, la piedra angular y el desencadenante de, prácticamente, todos los desajustes que concatena.


Existe mucho desconocimiento alrededor de esta, tan común, como desconocida enfermedad. Es tal el desconocimiento en general, que gran parte del sector médico, también comparte este desconocimiento debido a la escasa información acerca de esta enfermedad oculta. Es por ello, que en muchas ocasiones, la relación con tu médico puede resultar frustrante, debido a que los tratamientos indicados no cumplen con tus expectativas.


El dolor se suele manifestar de un modo generalizado por todos los rincones de tu aparato locomotor (articulaciones, músculos, ligamentos y huesos) y es esta la razón por la que aparecen sensaciones desagradables como pueden ser el cansancio constante, la disminución en la concentración y en la memoria o la manifestación de ansiedad y/o depresión.

Cuando convives con el dolor, todos tus mecanismos cognitivos, emocionales y corporales se ponen en marcha con el fin de dar una solución a este malestar constante. Esta puesta en marcha de todo tu ser tiene un coste energético importante, y, de un modo u otro, tu cuerpo te lo hará saber.

¿A qué se debe la fibromialgia?

fibromialgia neurotransmisores

Quiero empezar diciéndote que se desconocen las causas específicas por las que se produce la fibromialgia, pero las últimas investigaciones nos dicen que existe una relación entre la fibromialgia y la alteración en la producción de diferentes tipos de neurotransmisores. Este hecho termina por afectar al funcionamiento de los circuitos que dependen de estos.


Estos circuitos, como pueden ser las vías del dolor, se pueden ver perturbadas, provocando en nuestra percepción un incremento de la sensibilidad a los estímulos y terminando por producir ese dolor generalizado tan característico que acompaña a la fibromialgia.


El dolor es una experiencia ancestral y universal que comparten todas las especies y que se activa con el objetivo de que pongamos en marcha todos los recursos evasivos que consideremos necesarios para impedir un posible daño mayor.


Esto convierte a la sensación de dolor en una experiencia totalmente necesaria y supervivencial. Algo a lo que debemos agradecer que nos haya mantenido con vida y permitido evolucionar.

Dolor no es lo mismo que daño

fibromialgia, dolor y daño

Cuando se analizan las diferentes áreas dolorosas de una persona con fibromialgia, generalmente, no se aprecia ninguna alteración física o daño en el tejido, lo que podría volver a llevarnos a considerar que el dolor se deba a una amplificación sensorial, a causa de una alteración en los neurotransmisores.


Este dolor puede migrar a diferentes partes del cuerpo y suele intensificarse en la región lumbar, espalda dorsal, hombros, rodillas, brazos y piernas.

Tratamiento convencional en la fibromialgia

La fibromialgia es una problemática difícil de tratar y solucionar debido a la falta de información que existe sobre ella. Esto, sumado a que, en muchas ocasiones, el diagnóstico y el tratamiento propuesto es competencia de tu médico de cabecera y no de un especialista, como puede ser un reumatólogo, crean el espacio perfecto para la frustración y la pérdida de esperanza.


Al desconocerse las causas originarias, los medicamentos suelen convertirse en una primera opción, siendo los analgésicos y los antiinflamatorios los más recetados, seguidos de los antidepresivos, benzodiacepinas u otras medicaciones.


Los analgésicos enmascaran parcialmente los síntomas pero, al no existir un principio-fin en la toma de estos, es común que te acostumbres a ellos y que necesites aumentar la dosis, generando con ello, la aparición de otros problemas secundarios que pueden, incluso, agudizar el dolor en las crisis dolorosas de la fibromialgia.

Nuestras recomendaciones para la fibromialgia

Pilates terapéutico personalizado

Fibromialgia y el ejercicio

La clave está en la estrategia, en la búsqueda, en la personalización y en la comprensión.


En muchas ocasiones, las personas con fibromialgia tienen la tendencia a reducir su actividad física diaria por miedo a experimentar más dolor durante su práctica. Esta conducta evitativa provocará que entren en un círculo vicioso, consiguiendo que disminuya su capacidad funcional, que aumenten de peso y que pierdan masa muscular. Cuando se dan estas 3 condiciones es inevitable que el dolor se acentúe aún más, ya que, cuando el tejido muscular no colabora con las diferentes estructuras óseas de tu cuerpo, serán estas últimas las que deban acarrear con todo el estrés que supone cargar con tu peso/postura.


En este pequeño esquema, entenderemos por qué la Fibromialgia y el ejercicio han de ser aliados incuestionables durante todo el proceso.

esquema Fibromialgia evitación

Del mismo modo, no realizar trabajos de Control Postural, como se puede realizar en Pilates (es importante que sea personalizado), desencadenará con el tiempo, una serie de desequilibrios musculares que terminarán por alterar tu postura, convirtiéndola en una postura dañina y poco eficiente. Esto se traducirá en un aumento significativo del dolor de espalda o de cualquier otra estructura, debido a un mayor y constante esfuerzo por parte de tu musculatura, a fin de mantener esa mala gestión en las alineaciones corporales que conforman tu cuerpo.


En muchas ocasiones, se habla de la importancia de vincular la fibromialgia con la actividad física, pero se recomienda realizar ejercicio físico de manera indiscriminada, sin importar tu singularidad o el tipo/intensidad de ejercicio. Esta recomendación es válida si lo que pretendes es evitar la atrofia muscular, algo que no te interesa en absoluto, pero, de nada sirve que realices actividad física para evitar la atrofia muscular si no trabajas por encontrar una solución a tus desequilibrios musculares.


Entonces, la clave siempre será realizar un programa de ejercicio terapéutico personalizado y estructurado en base a un análisis previo de tu postura. Abordar tu dolor desde la individualidad, la causalidad y la globalidad. Esto es, precisamente, lo que ofrecemos desde nuestro servicio Pilates para dolor de espalda y hombro. Te invito a que leas más en profundidad acerca de este servicio para que puedas profundizar en nuestro método.

Pide ayuda psicológica:

También será importante abordar los componentes emocional, cognitivo y conductual que acompañan al dolor.


Has de entender que la salud es el término que utilizamos para hacer referencia al equilibrio de factores corporales, psicológicos, emocionales y sociales y no puramente biológicos. Sabiendo esto, cualquier problemática debería ser tratada, simultáneamente, desde un paradigma multidisciplinar.


Ante la percepción de dolor, la valoración o construcción cognitiva que hacemos de ella, así como las experiencias emocionales de dolor almacenadas en nuestra memoria, juegan un papel clave en cómo vivimos el dolor en el presente. Lo positivo, es que estos factores cognitivos y emocionales se pueden gestionar de tal modo que se conviertan en atenuadores del proceso de dolor y en precursores de un estilo de vida que no se base en la evitación, sino en la aceptación, el compromiso y en la experimentación de la propia vida. Es aquí (y en multitud de casos) es donde la psicoterapia puede ayudarnos.


La terapia psicológica puede ofrecerte herramientas de gran utilidad a la hora de entender diferentes aspectos que afectan al dolor, como la gestión ante un exceso de atención al foco doloroso, creencias y pensamientos negativos/catastrofistas, o el aprendizaje de nuevas estrategias de autoconocimiento y gestión emocional, para que poco a poco, vayas integrando tus fortalezas y tomes la riendas del proceso, pudiendo ver una mejora significativa de tus síntomas.

Otras recomendaciones que te ayudarán crear un espacio favorable para la fibromialgia

  • Lleva un estilo de vida minimalista.
  • Practica técnicas de relajación y de atención plena.
  • Come alimentos saludables con bajo índice glucémico, siguiendo una dieta antirreumática.
  • Hidrátate correctamente.
  • Exponte a la luz solar.
  • Camina por espacios con acceso a la naturaleza.
  • Profundiza en tu respiración y en tu conexión con el momento presente.
  • Establece límites y rodéate de gente que te haga sentir bien.

Tengo una pierna más corta que la otra

¿Conoces la relación que hay entre la longitud de tus piernas y tu dolor de espalda?

Tener una pierna corta o una pierna larga es más común de lo que piensas. Pero antes de tomar cartas sobre el asunto debes asegurarte de si realmente lo que tienes es una pierna más corta que la otra, debido a una dismetría en la longitud de tus miembros inferiores o si por el contrario (como ocurre en la mayoría de ocasiones), se trata de un desequilibrio muscular a nivel de tu cintura pélvica.

En la siguiente imagen te mostraré un ejemplo de lo que puede llegar a ser una pierna corta estructural o anatómica (real)

(Caso de pierna corta anatómica o estructural (real); causas traumáticas, congénitas o por enfermedad).

Para poder dictaminar si tienes una verdadera pierna corta es importante que solicites una radiografía en la que se capte, desde una posición de bipedestación (de pie) tu cadera, fémures, tibias y pies (ojo cuidado con estos últimos, ya que tus bóvedas plantares pueden ser piezas clave en el desarrollo de una dismetría de este tipo).

En este caso, (y solo en el caso de tratarse de una pierna larga real) el tratamiento más utilizado y accesible suele ser la utilización de un alza en el calzado de la pierna más corta para poder compensar y equilibrar esa dismetría y todos los desalineamientos/dolores que esto te va generar.

¿Realmente tengo una pierna más larga que la otra?

Si, por el contrario, aun teniendo la sensación de tener una pierna más corta, mides las dimensiones de los huesos anteriormente citados y observas que ambos lados tienen la misma longitud, a pesar de que uno esté en una posición más baja que otro, estaremos hablando de una FALSA PIERNA CORTA.

Una falsa pierna corta o pierna corta funcional es una dismetría que se origina debido a un desequilibrio muscular. Estos desequilibrios musculares pueden aparecer a consecuencia de posturas incorrectas mantenidas en el tiempo, malos hábitos a la hora de sentarte, espasmos musculares o disfunciones en la bóveda/arco plantar, rodilla, pelvis y columna.

Como te he contado un poco más arriba, este último caso es el más común cuando se cree tener una pierna más corta que la otra. Pide siempre segundas opiniones y fíate de una radiografía para poder ponerle solución al problema antes de apresurarte a usar un alza.

En este caso (dismetría de tus miembros inferiores a causa de un desequilibrio muscular) no se recomienda la utilización de una plantilla elevadora o alza, ya que, a diferencia de una pierna corta real (anatómica), una falsa pierna corta siempre buscará acortarse y una falsa pierna larga siempre buscará alargarse.

Si usas un alza no estarás abordando el origen de la dismetría, sino que estarás ocultando las causas con un parche que aparentemente puede parecer que te proporciona una solución, pero a medio/largo plazo, estarás acentuando las compensaciones que generará tu cuerpo por ponerle remedio a este desajuste, dando lugar a que tu falsa pierna corta sea cada vez más corta y a que tu falsa pierna larga sea cada vez más larga. Todo esto, sumado a la serie de desalineamientos en tu espalda que implica tener un iliaco más alto que el otro (región lumbar/dorsal/cervical).

¿Por qué tengo una pierna más larga que la otra?

Si la musculatura como el psoas o el cuadrado lumbar se acortan por un exceso de tono o por mantenerlo en un acortamiento constante (sucede cuando pasas mucho tiempo sentado), puedes estar anteriorizando uno de tus iliacos.

Del mismo modo, una inhibición en la musculatura encargada de anteriorizar tu pelvis puede generar que uno de tus iliacos se mantenga posteriorizado, generando así una aparente pierna más corta.

Cuando existe una discordancia entre tus iliacos debido a que uno pueda estar en una posición de anterioridad y otro en posterioridad, aparece lo que llamamos una disfunción iliaca y, puesto que ambas posiciones influyen en la disposición de tu cabeza femoral, esto contribuye a generar una aparente pierna más larga/corta (falsa pierna corta).

Cuando ocurren estos desajustes no tardan en aparecer los siguientes. Una falsa pierna corta hará que tu cadera caiga hacia el lado de la pierna más corta, generando así otro desequilibrio entre la musculatura encargada de estabilizar tu cadera (musculatura abductora y adductora).

¿Por qué me duele la espalda?

Esta basculación lateral de tu pelvis va a generar como resultado que tu columna lumbar adopte una flexión lateral como posición neutral y que más tarde, en un intento compensatorio, aparezca en tu región dorsal y cervical una escoliosis compensatoria, provocando concavidades y convexidades por toda tu espalda (escoliosis funcional).

Estas curvaturas provocadas por un desequilibrio muscular van a ser las causantes de múltiples dolores de espalda, debido a la compresión e irritación en tus carillas lumbares, degeneraciones discales por fuerzas de torsión asimétricas, pinzamientos en tus raíces nerviosas, acuñamientos vertebrales o cualquier otro deterioro en tus discos.

¿Cómo puedo darle una solución?

La solución, como en muchos de tus problemas está en el movimiento, en el ejercicio, pero no lo encontrarás en la actividad física indiscriminada. La solución está en realizar ejercicio terapéutico personalizado, ya que, de no seguir una estrategia, no solo no ajustarás la dismetría de tus miembros inferiores, sino que correrás el riesgo de empeorarla.

Una pieza clave a la hora de ponerle solución al problema va a ser la realización de un programa de ejercicio terapéutico individualizado, ya que, de no individualizar un caso así, es más que probable que des palos de ciego y acentúes aún más alguno de todos esos desequilibrios.

Tener una falsa pierna corta/larga no tiene otra solución más que trabajarla de manera unilateral como hacemos en Pilates para dolor de espalda para así, tras un estudio de tu postura, podamos saber qué regiones son las que nos interesa liberar y que regiones son las que nos interesa tonificar en búsqueda de un acortamiento.

Has de ponerte en manos de un profesional que estudie tu caso, que analice tu postura, tu relación con el movimiento, que conozca bien qué ejercicios prescribirte y qué ejercicios no, que entienda tu problemática y busque encontrar soluciones poniendo el foco en el origen y no en el dolor localizado.

Dicho esto, si crees que tu dolor de espalda puede estar relacionado con un desequilibrio de este o de cualquier otro tipo, puedes ponerte en contacto con nosotros, estaremos encantados de empezar a planificar una estrategia en la que caminaremos juntos hacia la solución.

¿Por qué me cuesta tanto cambiar mis conductas?

¿Alguna vez has sentido que, por mucho que desearas, no podías dejar de actuar de un modo concreto, aunque esta conducta te dañara a ti y a otros a medio y largo plazo?

Pues bien, aunque es muy fácil decir «tienes que esforzarte más» o «es cuestión de disciplina», la realidad es que nuestros estilos de afrontamiento, que son el conjunto de mecanismos con los que respondemos ante las demandas de nuestro medio, están delimitados, en muchas ocasiones, por experiencias traumáticas que dejan nuestro comportamiento a merced de reacciones emocionales intensas y, aparentemente incontrolables, que aparecen ante estímulos que activan memorias ligadas a experiencias dolorosas.

Entonces, ¿qué son los estilos de afrontamiento?

De una forma más técnica, podemos decir que los estilos o estrategias de afrontamiento son el abanico de esfuerzos cognitivos y conductuales que desarrollamos para abordar las demandas internas y externas que surgen ante nosotros y que, en principio, parecen exceder nuestros recursos.

Esta definición dota a los estilos de afrontamiento de movimiento y cambio continuo a lo largo del tiempo y es que, para que nuestras conductas sean realmente adaptativas y nos permitan evolucionar necesitamos que fluyan y sean flexibles ante los cambios continuos de nuestra realidad interna y externa. De hecho, lo que hace que un estilo de afrontamiento sea o no adaptativo es la situación en la que se aplica, no la estrategia en sí misma, por ello, necesitan de esta flexibilidad, gracias a la que podemos escoger el modo más adecuado de movernos con armonía ante la vida.

Sin embargo, como hemos mencionado en la introducción de este artículo, pueden existir en nuestra historia de desarrollo vivencias traumáticas que nos han llevado a desarrollar arsenales rígidos de comportamiento que se activan de forma automática e inconsciente ante esos estímulos, que por su similitud o cercanía, activan nuestras memorias de dolor respecto a estas experiencias.

Este hecho se experimenta como un fuerte bloqueo a nivel interno que nos genera una sensación de falta de control y voluntad ante ciertas circunstancias, en las que sentimos que solo podemos actuar y responder de un único modo.

Esto nos puede generar un gran malestar, pues, al no entender realmente qué nos ocurre y a qué se debe, podemos pensar rápidamente que tenemos un problema, que simplemente somos así y es mejor resignarse ante ello, lo cual nos lleva una vez más al inmovilismo y la rigidez a la hora de manejar nuestra realidad.

Sin embargo, lo que necesitamos comprender es que estos mecanismos automáticos y rígidos que se apoderan de nosotros en momentos que nos generan incertidumbre y malestar emocional tuvieron mucha utilidad en el pasado, cuando ocurrieron esas experiencias traumáticas en las que realmente nos sentimos desbordados y sin recursos ni apoyo para vivir e integrar lo que sentíamos. Por eso, estas formas de gestionar ciertos estímulos parecen grabadas a fuego, porque tienen un fuerte significado supervivencial en nuestra historia personal y para nosotros, aunque de modo inconsciente, todavía nos protegen y ayudan ante el dolor, por lo que nos aportan una “ganancia”, aunque sea durante un corto espacio de tiempo, pudiendo aparecer de nuevo el malestar a medio y largo plazo.

“Nuestras reacciones emocionales hablan de nuestras heridas”

Afrontar versus reaccionar

Cuando nuestros bloqueos se activan y sus mecanismos rígidos salen a defendernos de la realidad, el verbo “afrontar” se transforma en el verbo “reaccionar”, pues no estamos valorando y sintiendo lo que nos ocurre u ocurre en nuestro entorno de un modo consciente, escuchando nuestras sensaciones corporales y emociones, reflexionando, comprendiendo la situación, regulándonos internamente y escogiendo una estrategia adaptativa.

Cuando reaccionamos no existe mediador entre el estímulo o situación que llama para ser atendido y afrontado y la respuesta que ofrecemos, pues nos dejamos atrapar por la fuerza e intensidad de las necesidades de nuestro mundo inconsciente, que bien sabe, que lo que está ocurriendo tiene una huella muy potente en nuestra memoria y en nuestro cuerpo. Cuando esto ocurre no somos dueños de nuestra libertad personal, ni estamos escogiendo realmente lo que necesitamos y deseamos en el momento presente, sino que es nuestra mente del pasado la que toma el control de mando para salvarnos de lo que ya nos supuso un profundo dolor en un momento dado.

Sin embargo, aunque estos mecanismos defensivos tengan la mejor de sus intenciones, no nos permiten avanzar y, a la larga, nos dejan con más asuntos a resolver de los que ya existían previamente. Por ello, es fundamental que hagamos un profundo trabajo interior que nos permita integrar estas vivencias traumáticas desde la calma y la seguridad, abriéndose así la puerta a la flexibilidad y al desarrollo de nuevas estrategias de afrontamiento.

Entre el estímulo y la respuesta hay un espacio. En ese espacio está nuestro poder de elegir nuestra respuesta. En nuestra respuesta yace nuestro crecimiento y nuestra libertad


Viktor E. Frankl

4 factores clave para un afrontamiento adaptativo

Para finalizar os queremos dejar con esta selección de factores que consideramos clave a la hora de desarrollar estilos o estrategias de afrontamiento que se adapten realmente a nuestra realidad y que tengan sus raíces en nuestra libertad y esencia personales. Además, lo positivo de estos 4 factores es que son capacidades y procesos sobre los que tenemos decisión y poder de cambio, pues se pueden entrenar y mejorar enormemente.

Flexibilidad cognitiva

Es la capacidad que posee nuestro cerebro para tomar perspectiva y reflexionar acerca de la realidad, pudiendo barajar diferentes opciones, puntos de vista y oportunidades, lo que nos permite ser creativos y adaptarnos de formas muy diversas a situaciones novedosas, demandantes y cambiantes. La flexibilidad cognitiva nos permite ir reduciendo nuestra rigidez mental y descubrir y emplear recursos y potenciales nuevos o con los que no sabíamos que contábamos.

Inteligencia emocional

Es la capacidad que nos permite escuchar, comprender, regular, integrar y hacer un buen uso de nuestras emociones, las cuales siempre están presentes a modo de mensajeras de cómo estamos respondiendo e interactuando con nosotros mismos y con el medio. Si no cultivamos nuestra consciencia y nuestro manejo emocional, estas vitales compañeras nos resultarán molestas y no podremos utilizar la información que nos dan, fundamental para adaptarnos correctamente, afrontar la vida con sabiduría y evolucionar.

Autoconocimiento

El autonocimiento, tal y como su nombre indica, es el conocimiento profundo de uno mismo. Esto supone un trabajo de introspección, escucha y observación de nuestras emociones, de nuestro cuerpo, de nuestro diálogo interno y de los mecanismos de nuestra personalidad.

Asimismo, este trabajo interior también implica reconocer nuestros recursos personales, nuestras fortalezas, nuestros valores y aquello que nos hace sentir pasión y realización personal.

Conocer bien nuestro mapa interior supone tener una consciencia amplia de lo que vive dentro de nosotros, lo que nos dota de libertad de movimiento sobre todas estas realidades, pudiendo escucharlas y emplearlas con sabiduría y no con rigidez.

Responsabilidad personal

Hacer uso de nuestra responsabilidad implica ser libres a la hora de actuar y tomar nuestras decisiones. Sin embargo, cuando no nos conocemos a nosotros mismos no somos realmente libres, ni actuamos en base a nuestra esencia personal. Por ello, la responsabilidad personal tiene una relación clara con el autoconomiento y es fundamental para asegurar una adaptación positiva a la realidad.

Asimismo, ser conscientes de nuestra responsabilidad personal y ser consecuentes con ella, supone discernir qué asuntos pertenecen realmente a nuestro “dominio”, es decir, qué asuntos necesitan ser afrontados por nosotros mismos y sobre qué asuntos tenemos poder de cambio. Esto nos permite no responsabilizar a otras personas o circunstancias de nuestras propias emociones y conductas, del mismo modo que no nos desgastaremos ante aquellas problemáticas que necesitan ser resueltas por otras personas, aunque nosotros sí podamos estar presentes y a su lado.

Tus conductas actuales no son tu destino

Si has llegado a este artículo porque sientes que hay conductas y mecanismos recurrentes en tu vida con los que te sientes bloqueado, que te generan consecuencias negativas y que deseas cambiar, aunque ahora sientes no tener control sobre ellos, quiero decirte que esto tiene solución y que ni estás destinado a ello, ni ocurre nada malo ni permanente dentro de ti.

No nacemos determinados a ser y a comportarnos de un modo concreto, pero sí necesitamos comprender profundamente los mecanismos de nuestra personalidad y por qué está reacciona de este modo, pues, aunque no lo creamos, existe una causa y un sentido en toda esta cadena de engranajes que parece definirnos.

Nuestras conductas, nuestras creencias y el modo en que nos relacionamos con nuestro mundo interior y con los demás habla de nuestra historia de desarrollo y de cómo han ido encajándose las experiencias de nuestra vida, pero nosotros sí tenemos el poder y la responsabilidad de transformar el modo en que lo gestionamos.

Recuerda que es muy positivo y, en muchas ocasiones fundamental, ser acompañado en este camino por un profesional que te guíe y te aporte seguridad en cada paso del proceso, por lo que la psicoterapia individual te puede ayudar enormemente a crear un antes y un después en tu día a día. Asimismo, existen herramientas de apoyo que son muy útiles a la hora de trabajar nuestro interior y facilitar estados de conexión, de calma y regulación, como la práctica de Mindfulness.



¿Por qué tengo dolor muscular?

Nuestro cuerpo es una unidad

Debemos dejar de visualizar los músculos como estructuras divisibles e individuales del cuerpo humano y entenderlos como una unidad conectada entre ligamentos, tendones, fascias y músculos.

Esta unión, denominada cadena muscular, permite que exista un movimiento coherente, armónico, con sentido y nos aleja de un movimiento robótico y disfuncional.

En el cuerpo, existen varias de estas cadenas musculares. Algunas de ellas cruzan el cuerpo por delante, otras por detrás y otras van por los laterales o en forma de espiral.

Descompensaciones musculares

Cuando nuestro cuerpo está en desequilibrio por falta de tono en una cadena muscular, o en parte de ella, esta queda en desventaja y comenzamos a sentir dolor. Nuestro cuerpo entiende este dolor como una agresión que debe de ser suprimida para poder seguir su desempeño con el menor número de obstáculos posibles. Toda descompensación muscular genera una compensación por parte de nuestro cuerpo, en muchas ocasiones, sin que nos demos cuenta.

¿Cómo suprime nuestro cuerpo el dolor?

Bueno, el dolor puede ser ocasionado por múltiples factores, pero cuando el dolor es originado por una descompensación muscular, nuestro cuerpo encontrará el modo de minimizar nuestro dolor compensando ese desequilibrio y modificando una serie de patrones en nuestra postura, en la forma que nos desplazamos, nos movemos o incluso nos expresamos.

A corto plazo, estas compensaciones pueden parecernos un acierto, ya que el objetivo que nuestro cuerpo se propuso con el fin de evitar la mayor parte posible del dolor ocasionado, fue un éxito, pero siento deciros que a largo plazo van a producir una serie de inconvenientes tales como deformaciones, dolores colaterales, fatiga, alteraciones en nuestro estado de ánimo…

¿Cómo ocurre este proceso?

Como hemos comentado anteriormente, muchas veces todos estos cambios suceden en un segundo plano sin que podamos percatarnos de lo que está ocurriendo.

Una vida físicamente inactiva o la realización constante de actividades repetitivas mantenidas en el tiempo, va a ocasionar una tonificación excesiva en cierta musculatura de nuestro cuerpo.

Esta sobretonificación, normalmente va a generar un elongamiento de nuestra musculatura antagonista, lo que nos va a llevar a adoptar una postura inadecuada, sobrecargando nuestras articulaciones.

Todo esto, puede evolucionar de varias maneras, pero normalmente va a agudizar esa inactividad inicial que desencadenó gran parte del desarrollo del dolor, intensificando aún más las crisis dolorosas e invitándonos en un acto de desesperación, a que recurramos a tratamientos que no busquen la causa o el origen del dolor o a fármacos que lo camuflan.

¿Entonces, qué deberías hacer si tienes dolor muscular?

Como en casi todo en la vida, en la individualización está la clave.

La prescripción del ejercicio individualizado y específico para tu problemática es crucial para una correcta corrección y evolución.

Debemos entender el origen del problema, qué cadenas musculares están alterando el equilibrio natural del cuerpo, qué grupos musculares están acortados por un exceso de tono y cuáles están distendidos o inhibidos, qué estilo de vida, hábitos o emociones nos están empujando a adoptar esa postura o actitud y alejarnos de terapias que no busquen la causa del dolor.

Por todo ello, una correcta evaluación, ajustes periódicos en los programas, un seguimiento de la progresión y la constancia o compromiso con uno mismo van a ser una apuesta segura a la hora de atenuar o enmendar el dolor.

Te invito a que eches un vistazo a los servicios de Clases de Pilates online o de Pilates para dolor de espalda que ofrecemos desde EmocionAgil.

¿Por qué me siento vacío y sin ilusión?

“Nunca has estado vacío, solo que todavía no has recorrido el puente que te lleva más allá de tus muros”

Desde nuestra infancia nos vemos enmarcados en diversos contextos en los que vamos aprendiendo lo que significa la vida, lo que significan las relaciones, lo que significamos nosotros mismos y cómo se supone que interactúan todas estas dimensiones. Estos contextos van desde la relación de apego con nuestros padres o figuras de referencia, pasando por la escuela y por las relaciones con nuestros iguales, hasta contextos macro como el marco social y cultural en el que crecemos.

Estos diferentes escenarios nos van dotando de creencias, de formas de relacionarnos con nosotros mismos y con los demás y de maneras de entender la vida que influyen de manera significativa sobre nuestro desarrollo y que se mantendrán presentes en nuestra adultez. No vamos a calificar estos condicionamientos o aprendizajes citados como buenos o malos, esto sería muy simplista, pero sí podemos decir que se definen en términos generales por una pobre educación a nivel emocional y carencias visibles a nivel afectivo, lo que se traduce, en una deteriorada y conflictiva relación con nuestra identidad.

¿De dónde viene la sensación de vacío?

La mayoría de nosotros nos hemos sentido obligados en numerosos momentos de nuestra vida a ocultar lo que sentimos (bien porque no es comprendido, no es atendido o incluso es molesto para nuestro entorno), a desarrollar comportamientos que son aceptados y valorados por quienes nos rodean (aunque esto signifique dejar de lado partes de nosotros que nos agradan y que son funcionales) y a esforzarnos continuamente por “ser alguien” y por “ser felices” en un mundo que se olvidó en dónde tiene los pies.

Nuestros padres, nosotros y las generaciones actuales, a pesar de la mayor presencia e importancia que tiene hoy en día el bienestar mental y emocional, hemos sido educados en el modelo del “esfuerzo por ser” , cuando paradójicamente, es este esfuerzo constante lo que nos aleja de lo verdadero y esencial que vive en nosotros.

Este arraigado modelo de afrontamiento de la vida, que se transmite a través de los vínculos de generación en generación,  implica ver nuestra existencia como un camino en el que perseguimos felicidad, perseguimos estímulos, perseguimos amor, perseguimos seguridad, perseguimos ser algo o alguien concreto y perseguimos bienes materiales que nos permitan sostener todo lo anterior. Este paradigma de vida parte de la premisa de que nacemos siendo una especie de bolsa vacía que necesita ser rellenada constantemente para poder tener un significado y un valor por sí misma.

Partiendo de esta potente creencia, nuestra experiencia vital queda circunscrita a una escapada continua de la realidad presente y su potencial, para fantasear con realidades futuras en las que poder seguir recolectando trofeos y menciones que nos hagan sentir nuestra propia presencia.

Si nuestra vida se ve sometida bajo los mandatos de esta creencia “de no ser nada por nosotros mismos” “de no tener valor por el simple hecho de estar aquí, respirando” es casi inevitable conectar eventual o continuamente con una angustiosa sensación de vacío, de pérdida de rumbo y de falta de ilusión, que tratamos de callar lanzándonos al mundo exterior y buscando en él, el consuelo y nuestras respuestas.

Esta es la razón real de por qué nos sentimos vacíos, nos hemos esforzado demasiado por encontrar el motor de nuestra vida en la realidad exterior. Tanto caminar lejos de nosotros ha creado un largo puente entre lo que creemos y queremos ser y lo que somos y necesitamos realmente y es este muro entre nuestra ficción mental y nuestra naturaleza verdadera, la que nos hace sentir que algo falta, algo falla o algo no va del todo bien.

Pero…el vacío interior realmente no existe

El vacío, aunque no lo creamos no existe, sino que es la sensación subjetiva que proviene del conflicto o herida que existe en la relación que mantenemos con nuestra identidad y con nuestra esencia personal, perturbados por las vivencias de la niñez y la juventud que nos llevaron a aprender que la vida era un camino hacia el “parecer” y no hacia el “ser”. La sensación de vacío interior es una voz de alarma que trata de recordarnos que necesitamos mirar, afrontar y reparar ciertas realidades internas que no hemos aprendido a manejar hasta el momento.

 Por tanto, no hay manera alguna de llenar algo que no está vacío, sino que el camino es reparar las vivencias angustiosas que están ligadas a nuestra manera de vivirnos a nosotros mismos y a la propia vida.

Perseguir brillantes trofeos, colmarnos de distracciones y evadirnos en sensaciones no nos reparará ni a corto ni a largo plazo, solo nos creará una ilusoria sensación de saciedad tras la que se despertará un hambre todavía más voraz por volver a sentirnos llenos, llenos de algo que no existe fuera, únicamente en el cofre que hemos enterrado bien profundo en nuestro sistema.

Este círculo vicioso puede perdurar toda la vida si no le ponemos freno, podemos sufrir y culpar eternamente a la vida y al mundo de no hacernos sentir colmados y felices, pero ya que tenemos el regalo de existir entre nuestras manos, aprovechémoslo para transformarnos, individual y colectivamente.

No estás vacío, pero sí necesitas reconectar con tu mundo interior

El primer paso para empezar a reparar nuestra sensación de vacío es, por tanto, tomar consciencia de que este no existe y por tanto no hay nada que llenar, pero sí existe una relación conflictiva con la realidades que nos habitan. Por ello, vamos a comenzar por sustituir la palabra vacío por el término “desconexión”.

Esta palabra refleja más fielmente lo que verdaderamente nos ocurre, pues supone que hemos perdido parte del contacto con nosotros mismos, con nuestra dimensión emocional, con las sensaciones de nuestro cuerpo, con la realidad de nuestros pensamientos y con nuestras necesidades vitales.

Además, hablar de desconexión implica que es posible retomar o fortalecer el contacto perdido, ya que, aunque hayamos creado puentes y muros por no tener herramientas para manejar nuestra identidad y nuestra realidad, esto no implica que esto ya no sea posible. Todo lo contrario, siempre tenemos la oportunidad de regresar a nosotros y reparar toda esa mochila de vivencias, creencias, recuerdos y estilos de afrontamiento que nos empujan muchas veces a buscar el bienestar y el sentido de nuestra vida fuera de nosotros.

“Quédate con esto, el vacío no se llena, se repara y tú tienes la llave”