¿Por qué tengo dolor muscular?

Nuestro cuerpo es una unidad

Debemos dejar de visualizar los músculos como estructuras divisibles e individuales del cuerpo humano y entenderlos como una unidad conectada entre ligamentos, tendones, fascias y músculos.

Esta unión, denominada cadena muscular, permite que exista un movimiento coherente, armónico, con sentido y nos aleja de un movimiento robótico y disfuncional.

En el cuerpo, existen varias de estas cadenas musculares. Algunas de ellas cruzan el cuerpo por delante, otras por detrás y otras van por los laterales o en forma de espiral.

Descompensaciones musculares

Cuando nuestro cuerpo está en desequilibrio por falta de tono en una cadena muscular, o en parte de ella, esta queda en desventaja y comenzamos a sentir dolor. Nuestro cuerpo entiende este dolor como una agresión que debe de ser suprimida para poder seguir su desempeño con el menor número de obstáculos posibles. Toda descompensación muscular genera una compensación por parte de nuestro cuerpo, en muchas ocasiones, sin que nos demos cuenta.

¿Cómo suprime nuestro cuerpo el dolor?

Bueno, el dolor puede ser ocasionado por múltiples factores, pero cuando el dolor es originado por una descompensación muscular, nuestro cuerpo encontrará el modo de minimizar nuestro dolor compensando ese desequilibrio y modificando una serie de patrones en nuestra postura, en la forma que nos desplazamos, nos movemos o incluso nos expresamos.

A corto plazo, estas compensaciones pueden parecernos un acierto, ya que el objetivo que nuestro cuerpo se propuso con el fin de evitar la mayor parte posible del dolor ocasionado, fue un éxito, pero siento deciros que a largo plazo van a producir una serie de inconvenientes tales como deformaciones, dolores colaterales, fatiga, alteraciones en nuestro estado de ánimo…

¿Cómo ocurre este proceso?

Como hemos comentado anteriormente, muchas veces todos estos cambios suceden en un segundo plano sin que podamos percatarnos de lo que está ocurriendo.

Una vida físicamente inactiva o la realización constante de actividades repetitivas mantenidas en el tiempo, va a ocasionar una tonificación excesiva en cierta musculatura de nuestro cuerpo.

Esta sobretonificación, normalmente va a generar un elongamiento de nuestra musculatura antagonista, lo que nos va a llevar a adoptar una postura inadecuada, sobrecargando nuestras articulaciones.

Todo esto, puede evolucionar de varias maneras, pero normalmente va a agudizar esa inactividad inicial que desencadenó gran parte del desarrollo del dolor, intensificando aún más las crisis dolorosas e invitándonos en un acto de desesperación, a que recurramos a tratamientos que no busquen la causa o el origen del dolor o a fármacos que lo camuflan.

¿Entonces, qué deberías hacer si tienes dolor muscular?

Como en casi todo en la vida, en la individualización está la clave.

La prescripción del ejercicio individualizado y específico para tu problemática es crucial para una correcta corrección y evolución.

Debemos entender el origen del problema, qué cadenas musculares están alterando el equilibrio natural del cuerpo, qué grupos musculares están acortados por un exceso de tono y cuáles están distendidos o inhibidos, qué estilo de vida, hábitos o emociones nos están empujando a adoptar esa postura o actitud y alejarnos de terapias que no busquen la causa del dolor.

Por todo ello, una correcta evaluación, ajustes periódicos en los programas, un seguimiento de la progresión y la constancia o compromiso con uno mismo van a ser una apuesta segura a la hora de atenuar o enmendar el dolor.

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